Las jaibas de Boyá

Dicen que preguntando se llega a Roma, bueno, nosotras quizá no fuimos tan lejos, pero llegamos a Boyá, en busca de las famosas jaibas de río.

La jaiba de agua dulce (Epilobocera haytensis.) que habita en casi todos los arroyo y ríos de la Isla La Hispaniola, en tierras bajas y  en  montañas,  vive en cuevas, en aguas no muy profundas y cristalinas.

Su reproducción es entre primavera y verano, por lo que Cada año la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales establece una temporada de veda para la captura y comercialización de   la misma, la cual  se aplica  en todo  el país.

La prohibición de captura de este crustáceo inicia el 1 de junio hasta el 30 de septiembre de acuerdo a la resolución número 07 de  abril de 2003.

La resolución también establece la prohibición de la captura de las hembras aovadas en cualquier época del año, a fin de garantizar la existencia de las poblaciones de esta especie de gran importancia ecológica y alimenticia para la  población.  La misma pone al rededor de 700 mil a dos millones de huevos y puede durar de 3 a 8 años de vida.

Es seguro que muchos, en algún momento de nuestro diario vivir   hayamos escuchado y/o utilizado la frase: “Monte y culebra!”, bueno, nosotras la llevamos a su máxima expresión en esta aventura a deshora que osamos emprender con la guía de Don Freddy y su sobrino Deiry, quien desde los diez años de edad le acompaña  a la captura de este crustáceo.  Y digo a deshora, pues es durante la noche, entre la 8 p.m. y muchas veces hasta las 12:00 o las  2:00 a.m. que emprenden camino río arriba o río abajo, en esta búsqueda que en inicios realizaban con un “jacho” de goma encendío’ y que hoy sustituyen por una linterna.

Por cuestiones de tiempo, logramos convencerlos de que nos permitieran acompañarles a plena luz del día.  Salimos pues monte adentro y cámara en mano a documentar esta gran hazaña, porque permítanme contarles que hay que ser bien “guapo” dicho en buen dominicano, para lograr capturar una jaiba, sobre todo a plena luz del día, cuando todas  se esconden en sus cuevas.

Estos caballeros, identifican las cuevas y proceden a introducir su mano, su brazo completo hasta llegar al hombro cueva adentro entre piedras y barro,  sin saber lo que pueden encontrar en dicha guarida y repiten esta tarea una y otra vez, hasta que logran capturar alguna, sacando a veces hasta culebras de dicho túnel.

Estuvimos unas tres horas entre monte y culebra, jaibas, dedos picados, insectos y matorrales, por lo cual sugerimos que la próxima vez que usted vaya a degustar una preparación culinaria donde el protagonista del plato sea esta especie, sienta un profundo respeto y gratitud por las personas que hicieron posible que usted disfrute de la misma, porque definitivamente no es tarea fácil.

Luego de la captura,  las venden a orillas de la carretera, siempre vivas y algunos las compran con las muelas para dejarlas libres en otros lares.

Nos cuenta don Freddy que suelen prepararlas en locrio, escabeche o simplemente hervida con orégano, ajo y cilantro ancho, con guarniciones como son la yuca o el ñame y en ocasiones con guineos verdes hervidos.  La cocinan a orillas del río o en fogón dentro de una gran lata, como la preparó para nosotras. Definitivamente un plato muy exquisito!